En este blog hablo acerca de actualidad, historia, política, música, deportes y filosofía.
Queda para más tarde pasar del blog a la web.
¿Por qué corriente propia? Pedí consejo a mis amigos de Relajeros para el nombre y al final me quedé con este. Tengo mi propia corriente, unas veces estoy con unos, otras con otros. Corriente Propia.
Está claro que el gobierno de Biden ha gestionado la crisis de Afganistán de la peor manera posible. No hay más que ver el caos que se ha formado en el aeropuerto, y la falta de tiempo para evacuar ante el fulgurante avance talibán.
Es cierto que fue Trump quien llegó a un acuerdo con los talibán en febrero de 2020, por el cual se acordaba la retirada de tropas estadounidenses de Afganistán en un plazo de 14 meses a cambio del compromiso de los talibán de no facilitar desde su territorio ataques contra EEUU y de que iniciasen un diálogo con el gobierno afgano para llegar a un acuerdo de paz. También se realizó un intercambio de prisioneros.
(El representante especial de Estados Unidos para la reconciliación en
Afganistán, Zalmay Khalilzad, da la mano al cofundador del Talibán,
Mullah Abdul Ghani Baradar, durante la ceremonia de la firma del acuerdo
en Qatar. Foto: AFP. Fuente: BBC).
A la vista de los hechos, resulta evidente que ese acuerdo con los talibán fue del todo insuficiente, y que las tropas estadounidenses no se deberían haber retirado hasta que ese diálogo de los talibán con el gobierno afgano hubiese fructificado y se hubiese alcanzado un acuerdo de paz estable y efectivo.
Y aquí hay que culpar tanto al gobierno de Trump como al de Biden por firmar el acuerdo primero, y por respetarlo y ejecutarlo después, sin esperar a que ese diálogo llegase a buen puerto. Lo que los talibán hicieron fue dialogar, sí, pero a la vez que dialogaban llevaban a cabo campañas militares que gracias al proceso de retirada de tropas estadounidenses les permitió ir ganando terreno, de tal forma que cuando la retirada ya estaba muy avanzada, lograron conquistar distritos y después ciudades en muy poco tiempo.
(En esta imagen se puede comprobar el avance talibán en los últimos meses, aprovechando la retirada de tropas estadounidenses. En azul se muestran las zonas controladas por el gobierno, en naranja las zonas controladas por los talibán, y en gris las zonas en disputa).
Desde que Pedro Sánchez ganó la moción de censura que logró expulsar a Rajoy del partido popular justificada en los casos de corrupción, han pasado ya 3 años que han dado para mucho.
Estos días estamos viendo precisamente el juicio del caso "Kitchen", una operación de la policía dirigida desde el Ministerio del Interior para sustraer información sensible a Bárcenas y evitar que saliese a la luz. Es decir, funcionarios públicos favoreciendo con su actuación a un partido político determinado y yendo contra los propios policías y fiscales que estaban investigando el caso, como han relatado numersosos testigos.
Y luego Casado se preguntará por qué se sigue insistiendo con la corrupción del partido popular. Es una cosa tan intrínseca a este partido, que tal vez tendría que hacer como CiU y cambiarse de nombre, porque le va a perseguir allí donde vaya. Y este caso es solo la punta del iceberg. Podríamos hablar de los casos de Esperanza Aguirre, Púnica, Tarjetas Black...etc.
Es decir, razones para echar a ese partido del poder y que no volviese a tener posibilidades de gobernar hasta que no hubiese hecho una renovación profunda, las había y las sigue habiendo.
Tras no poder aprobar Pedro Sánchez los presupuestos de 2018, convocó elecciones, y tras no llegar a un acuerdo con Podemos al decir que le costaría dormir por la noche si estos estuviesen en el gobierno, se volvieron a repetir para aceptar incorporar a Podemos al Gobierno. La aventura de Iglesias como Vicepresidente duró 2 años, hasta que decidió participar en las elecciones madrileñas para salvar la cara de su partido al peligar incluso que obtuviese representatividad. Tras el triunfo incontestable de la derecha, decidió dejar la política y fomentar el relevo en Podemos de mano de Yolanda Díaz e Ione Belarra. Seguramente su única buena decisión en mucho tiempo. No sin razón Yolanda Díaz es una de las ministras mejor valoradas del gobierno. Tiene mucho mejor talante y es más dialogante que Pablo Iglesias, y bajo su liderazgo puede que Podemos recupere algo del terreno perdido con la soberbia de Iglesias. Podría ayudar la retirada de Echenique, uno de los últimos guardianes de la ortodoxia frentista de Podemos.
¿Qué ha conseguido Podemos estando en el gobierno? Pues muy poco. La gestión del ingreso mínimo vital ha sido nefasta al colapsar la tramitación por falta de personal y poner requisitos demasiado elevados. Los ERTES de momento están evitando que suba exponencialmente el paro, pero en algún momento se tendrán que acabar. Y les está costando mucho arrancar medidas sociales al PSOE, que recuerda mucho al de Zapatero o González con los recortes y las privatizaciones. Así por ejemplo, la reforma laboral sigue sin tocarse. Les está costando llegar a un acuerdo para regular el precio del alquiler, o para subir el salario mínimo. Esto último podría entenderse por el contexto de pandemia y la crisis económica que supone, pero no deja de llamar la atención las resistencias numantinas en el PSOE a negociar esta subida o a tocar la reforma laboral, representadas en su máxima expresión por Nadia Calviño.
Incluso ha habido amagos de recortes ocultos, como el de acabar con la tributación conjunta que perjudicaba a las familias con menos rentas, o el globo sonda que están realizando con lo de los peajes en autovías, como forma de incrementar la recaudación vendiéndolo como justificación medioambiental.
Es
impresionante que desde el gobierno -un gobierno socialista, no lo
olvidemos- se esté planteando y defendiendo la posibilidad de que no
solo las autopistas, sino también en las autovías haya peajes para todos
los conductores que las utilicen.
Parece
que se han olvidado de todas las luchas que ha habido en muchos sitios y
que sigue habiendo a día de hoy para eliminar peajes de autopistas.
Porque al final estos peajes repercuten en el bolsillo de la gente que
se tiene que desplazar por cuestión de trabajo, por estudios, por
razones sanitarias, o incluso para visitar a la familia, y muchos, para
no tener que pagar y dejarse un dinero importante, sobre todo si tienen
que viajar con frecuencia, optan por hacerlo por carretera, pese a que
sea un viaje más largo, el asfalto esté en peores condiciones, y sobre
todo haya más riesgo de accidentes.
En Galicia por ejemplo la AP-9 es una de las autopistas más caras
de España y de Europa. De este modo, el trayecto entre A Coruña y Vigo
(160 km) cuesta más de 16 euros, es decir, un euro por cada 10 km.
Imaginemos el desembolso que esto supone para alguien que tenga que
hacer el viaje diariamente.
El caso de la vacunación de AstraZeneca está siendo un quebradero de cabeza. Primero empezaron administrándosela a los menores de 55 años porque decían que los ensayos en personas mayores de 55 años no eran lo suficientemente representativos como para garantizar que su administración iba a suponer una protección frente al virus.
Después, cuando los casos de trombosis como consecuencia de la administración de la vacuna empezaron a multiplicarse por todo el mundo, el gobierno decidió cancelarla para estos grupos de edad, y administrarla para los que tienen entre 60 y 69 años, alegando que las trombosis se producían como consecuencia de una respuesta del sistema inmunitario, y que en personas mayores no sucedería. ¿Cómo lo saben si no se les estaba administrando, y si previamente decían que no se la administraban a ese grupo de edad porque no se habían realizado los suficientes ensayos?
Desde la época de Luis Aragonés, el fútbol de la selección española se ha caracterizado por el toque. Es decir, por la posesión del balón, por mover la pelota de un lado a otro del campo hasta conseguir crear una ocasión de gol. Hubo un tiempo en que funcionó, con un centro del campo compuesto por Busquets, Xabi Alonso, Xavi, Iniesta, Silva, y en ocasiones, Cesc. Y con Villa y Torres arriba, además de contar con centrocampistas como Senna, Javi Martínez, Santi Cazorla, Pedro, Jesús Navas, o Juan Mata, o delanteros como Fernando Llorente, Dani Güiza, Roberto Soldado o Negredo.
No todo fue tan fácil como algunos parecen recordar. Hubo partidos muy complicados, como los cuartos de final de la Eurocopa de 2008 contra Italia que tuvieron que llegar a los penaltis, o los partidos de la primera fase del Mundial 2010 contra Suiza (perdiéndose) y Chile (ganando de forma muy ajustada con solo dos tiros a puerta), y contra Portugal, Paraguay, Alemania y Holanda en octavos, cuartos, semifinales y la final respectivamente, que estuvieron lejos de ser un repaso.
(Resumen de los goles del partido contra Chile).
En la Eurocopa de 2012 no se sufrió tanto, aunque ya se empezaron a vislumbrar algunos de los problemas que sufriría España tiempo después, en especial la falta de gol y de un referente en la delantera, debido a la lesión de Villa. De hecho, pasó la eliminatoria de semifinales contra Portugal en los penaltis.
Pese a estas dificultades, felizmente la selección logró 2 Eurocopas y 1 Mundial. En la Copa de Confederaciones de 2013 ya hubo un aviso serio al caer en la final contra Brasil por un 3-0. Los peores presagios se confirmaron en el Mundial 2014, al quedar eliminados en la primera fase, cayendo estrepitosamente ante Holanda (1-5), precisamente la selección contra la que había logrado el Mundial de 2010, y ante Chile por 2-0.
En 2020 nos preguntábamos cuándo podría haber disponible una vacuna para acabar con esta pesadilla. Pues bien, en un tiempo récord se han desarrollado múltiples vacunas que tienen un índice de eficacia muy alto, es decir, que al inyectarse la vacuna se previene del contagio del virus en una probabilidad muy alta.
Muchos se preguntan cómo es posible que se hayan desarrollado vacunas en un período de tiempo tan corto cuando hay enfermedades que siguen sin vacuna décadas después. Lo cierto es que el coronavirus no es una enfermedad muy desconocida ni muy letal, no deja de ser una gripe que en los casos más graves puede derivar en neumonía y dificultad respiratoria. Algo a lo que ya se lleva enfrentando la humanidad desde hace bastante tiempo, solo que en este caso el grado de contagio es mayor, y dada la globalización y la precariedad de los sistemas sanitarios, el virus ha logrado afectar a nuestra forma de vida imponiendo restricciones para evitar el colapso sanitario y la expansión del virus (toque de queda, restricción de movimientos, de reunión, cierre de establecimientos...etc).
Así pues, dado el carácter global de los contagios, sus repercusiones en la economía, y lo que ya se sabía de virus similares, no resulta tan extraño que las grandes farmacéuticas hayan logrado desarrollar vacunas efectivas en tan poco tiempo, pasando por ensayos previos y autorizaciones de los organismos competentes. En el caso de la Unión Europea, por la Agencia Europea del Medicamento.
Hay gente que mira con cierto recelo a las vacunas, por los efectos secundarios que puedan tener, la rapidez con la que se han desarrollado, y los métodos innovadores (ARN mensajero en vez de la vacuna tradicional a través de un virus). Es cierto que en algunos casos se han detectado efectos secundarios y se han suprimido algunos lotes o suministros, como en el de la vacuna de AstraZeneca con varios casos de trombosis. Otros efectos secundarios que se mencionan suelen ser dolor muscular, fiebre, mareos o vómitos. No obstante, todas las vacunas pueden registrar algunos efectos secundarios, pero normalmente la probabilidad de sufrirlos es baja, mientras que los beneficios de estar vacunado son altos.
Ya se está hablando de la posibilidad de portar un pasaporte COVID que indique las personas que están vacunadas y que por tanto pueden viajar y no estar sometidas al mismo nivel de restricciones que el resto de población que no esté vacunada. Al final, incluso aunque no impongan legalmente la obligación de vacunarse, en la práctica se requerirá estar vacunado para poder desplazarse libremente sin mayores controles o restricciones.
El 20 de Enero Biden jurará como nuevo presidente de EEUU, a pesar de todos los intentos de Trump para impedirlo.
Pese a que la diferencia entre Biden y Trump fue de 7 millones de votos (Biden logró en total algo más de 81 millones de votos, y Trump, algo más de 74), hubo incertidumbre hasta el final debido al sistema electoral de EEUU.
Ya en las anteriores elecciones de 2016 expliqué cómo era posible que Hillary Clinton hubiese perdido las elecciones pese a sacar 3 millones de votos más a Trump. Recapitulando, en EEUU tienen un sistema electoral dividido por Estados. Cada Estado tiene asignado un número de "votos electorales" según su población. El partido que gane en cada Estado se lleva todo, y el que pierda, nada. Por eso es crucial ganar Estados, especialmente los de mayor población.
Desde hace bastante tiempo, el partido republicano (el de Trump) suele ganar siempre en el centro del país, que está más deshabitado y es más rural, mientras que el demócrata (el de Biden) suele ganar en las costas, que están más habitadas y son más urbanas.
De esta forma, hay Estados que siempre suelen caer del lado republicano y otros que siempre caen del lado demócrata, con lo que los votos de los demócratas en los Estados republicanos o los de los republicanos en los Estados demócratas, realmente no cuentan mucho, porque como he dicho, el ganador se lo lleva todo. De ahí que se pueda ganar obteniendo menos votos que el rival, si se ha ganado en los Estados clave.
Y estos Estados clave son los que suelen oscilar entre el partido demócrata y el republicano: Florida, Ohio, Iowa, y más recientemente, Michigan, Pennsylvannia o Wisconsin. Quien consiga hacerse con la mayor parte de ellos, ganará las elecciones.
Lo mismo ha sucedido en estas elecciones. En algunos Estados, Biden ganó por una diferencia de apenas 3 puntos, como Michigan o Nevada, y en otros, por una diferencia de un punto o menos.
Así, se llevó Arizona (11 votos electorales) por apenas 3 décimas (49,4% frente al 49,1%), Carolina del Norte (15 votos electorales) por poco más de un punto (50% frente al 48,7%), Georgia (16 votos electorales) por poco más de dos décimas (49,5% frente al 49,26%), Pensilvania (20 votos electorales) por poco más de un punto (50% frente al 48,8%), y Wisconsin (10 votos electorales) por poco más de medio punto (49,5% frente al 48,9%).
Ya ha pasado un año desde que convivimos con el COVID (teniendo en cuenta que empezó en China en este mes del año pasado), y pese a la promesa de las vacunas, la situación generada por la pandemia se está volviendo inaguantable por momentos.
Si España tuvo que enfrentarse a un confinamiento en marzo y abril para frenar el colapso sanitario, en verano relajó las medidas y falló la preparación para afrontar la segunda ola que todo el mundo sabía que vendría.
Sí, ahora hay mascarillas, se realizan más tests y no se ha tenido que volver al confinamiento, pero las restricciones siguen siendo muy fuertes porque los hospitales siguen colapsados. Apenas se ha ampliado plantilla ni camas, con lo que en cuanto los casos volvieron a aumentar, hubo que volver a las restricciones para evitar el colapso total de los hospitales.
Ya denuncié en su día que el sistema sanitario español dista mucho de ser ejemplar. Tiene múltiples fallos, empezando porque no hay suficientes médicos, siguiendo por las listas de espera, y terminando por el mal ratio de camas por población. En estos gráficos se puede ver que hay países con mucha mayor capacidad que España en cuanto a médicos y camas de hospitales respecto a la población.
Desde hace ya bastante tiempo Francia se enfrenta a la amenaza terrorista de corte yihadista en su propio país de una forma más severa que otros países de Europa. Una de las razones principales es la inmigración musulmana que ha recibido de sus antiguas colonias en el norte de África, y la integración fallida que ha llevado a que muchos de estos inmigrantes vivan en barrios periféricos y no se relacionen con el resto de la población.
La convivencia entre la población musulmana y el resto del país no es sencilla, estallando periódicamente revueltas en los barrios mencionados anteriormente debido a las malas condiciones de vida, así como polémicas sobre diversos asuntos que afectan de una forma u otra a la comunidad musulmana, como pueden ser la prohibición de portar el velo en las escuelas alegando la ley de laicidad del Estado, la reproducción de caricaturas de Mahoma (cuando en el Islam está prohibido representar al profeta y no digamos ya burlarse de él), o recientemente, la voluntad expresada por parte del gobierno de cerrar diversas asociaciones musulmanas ya que alegan que tienen un discurso radical.
Que el terrorismo y todas sus formas (amenazas, insultos, señalamientos, financiación, apoyo, complicidad...) deben ser perseguidos y los responsables puestos ante la justicia, nadie lo pone en duda. Pero otra cosa bien distinta es promover la disolución de ciertos colectivos solamente porque no guste el discurso que realizan.
Para situarnos, hace unas semanas, tras un ataque de corte yihadista por parte de un joven paquistaní que pretendía ir contra la revista Charlie Hebdo, que había vuelto a publicar recientemente las polémicas caricaturas de Mahoma, Macron presentó un plan de acción contra lo que denominó "separatismo islamista", refiriéndose a que ciertos colectivos musulmanes estarían intentando crear una suerte de sistema paralelo al francés, obviando las leyes de la república.
(Portada de Charlie Hebdo en Septiembre de 2020 en la que vuelven a publicar las caricaturas de Mahoma por las que sufrieron el atentado en 2015).
Entre algunas de las medidas más relevantes de este plan destacan el acabar con la educación escolar en las viviendas, o con la financiación de otros países de mezquitas y asociaciones, así como que sea el propio Estado el que forme a los Imanes, o acabar con el programa de formación en lengua de origen.
Desde que acabó el confinamiento pasamos dos meses de relativa calma en los que parecía que se volvía a la normalidad, pero en agosto comenzaron a aumentar los contagios, y ya se está implantando en algunos sitios restricciones a los movimientos.
Se hacen más tests que antes, y la cifra de contagiados y letalidad se aproxima más a la realidad (antes se hacían muy pocos tests y la tasa de letalidad era mayor, al no detectarse los casos asintomáticos o leves). Aun así, parece que no se están haciendo tests suficientes. Solo los hacen a las personas que muestran síntomas y a su entorno en caso de que den positivo. Pero si alguien quiere hacérselo voluntariamente, tiene que pagar.
En consecuencia, los hospitales se están volviendo a llenar,, y aparte de las mascarillas, las distancias, la limitación de aforos y reuniones, en algunos municipios se han implantado medidas de restricción de movimientos. No sin polémica, pues como no podía ser de otra manera hay contradicciones. No se entiende que se restringa el movimiento entre municipios pero no se tomen medidas en los aeropuertos (tipo tests a los que llegan, cuarentena, o tests antes de volar).
(En este gráfico para Andalucía, pero que puede servir
como referencia para España, se puede ver como los casos por COVID
aumentan mucho desde agosto debido al mayor número de tests, y cómo las
hospitalizaciones, ingresos en UCI y defunciones también aumentan,
aunque en menor medida que el número de contagiados, lo que demuestra la
letalidad del virus, que es mucho menor de lo que se decía, ya que la
mayor parte de los contagiados son asintomáticos o de carácter leve. No
obstante, el aumento de hospitalizaciones indica que el virus sigue
presente y si no se toman precauciones puede volver a dispararse su
incidencia como sucedió en primavera).
Con esta van cuatro entradas las que escribo sobre la libertad de expresión (aquí se pueden ver la primera, segunda y tercera entrada al respecto), prueba de que es un tema complejo y que los límites son difusos y siempre salen nuevos casos sobre los que opinar.
Recientemente se están dando nuevos casos de intento de censura en defensa de lo "políticamente correcto". Con motivo de la brutal muerte de George Floyd a manos de la policía de EEUU y de las protestas de Black Lives Matter, se está apuntando hacia símbolos que se consideran esclavistas o racistas. Fue muy sonada por ejemplo el derribo de la estatua a Edward Colston en Bristol, tirándola los manifestantes al río, al considerar a Colston un esclavista. Colston (1636-1721) fue efectivamente un comerciante que traficaba con esclavos, pero también un parlamentario británico y un filántropo que financió en Bristol la construcción de hospitales, iglesias, escuelas y residencias para
personas sin hogar y ancianos, entre otras obras de caridad.
(Momento en el que los manifestantes tiran la estatua al río. Foto de La Vanguardia).
Algunos pensábamos que dada la extraordinaria gravedad de la pandemia, los políticos dejarían de echarse los trastos a la cabeza y remarían todos a una. Pues ni por esas.
Tampoco es que fuésemos ingenuos y pensásemos que no fuese a haber críticas o reproches, pero de ahí a lo que estamos viendo, va un trecho.
No se trata de salvar la cara al gobierno. Yo soy el primero que puede criticarle ciertas decisiones: Actuar con demasiada lentitud al principio, autorizar y promover la manifestación del 8 de marzo, comprar mascarillas defectuosas y tests defectuosos a empresas de dudosa confianza, o decir un día una cosa y al siguiente la contraria.
Ya lo definió bien en su día Santiago Segura cuando le preguntaron qué habría hecho Torrente de estar en el gobierno, al decir que habría sido muy parecido a lo que está sucediendo.
Pero la oposición, con honradas excepciones que también mencionaré, no se está comportando a la altura de las circunstancias.
De Vox podía esperarse en cierta medida. Aun así, no deja de ser decepcionante que su mayor preocupación sea conseguir la dimisión del gobierno, por encima de la salud de los españoles. Y para ello no dudan en apoyar las caceroladas o promover manifestaciones en coche.
Pasado un tiempo prudencial creo que ya se puede ir analizando la efectividad de las medidas que se han ido tomando para hacer frente a la crisis del coronavirus.
Para empezar, como ya señalé en la anterior entrada, ha quedado demostrado que el sistema sanitario está contra las cuerdas.
Ni siquiera sabemos cuántos contagiados hay realmente, pues no se están realizando tests suficientes. De hecho, España tiene una de las tasas de mortalidad y de recuperación más altas del mundo. ¿Por qué? Porque la cifra de contagiados que ofrece no es real. Ni siquiera la cifra de fallecidos que ofrece es real. Ya están alertando muchas CCAA que hay más fallecidos por el virus de lo que se dice, ya que únicamente contabilizan a quienes realizaron el test, pero hay muchos otros que fallecieron con síntomas, que probablemente tenían el virus, pero no se les realizó el test y por tanto no contabilizan como fallecidos por el virus.
Por si fuera poco, compran tests que no funcionan bien.
Ya se están planteando medidas de recuperación de actividad, cuando hay muchas personas con síntomas encerradas en sus casas. O personas que pueden tener el virus, ser asintomáticas, pero ser capaces de contagiárselo a otros. Actuar sin tener la información más precisa es actuar a ciegas, y es lo peor que se puede hacer. Por ello la importantcia de realizar el mayor número de tests posibles.
Según dicen, el virus podría remitir en verano pero volver en otoño. Está claro que para cuando eso suceda, el sistema sanitario español debe estar preparado para poder realizar tests a una gran parte de la población, y para enfrentar la pandemia en mejores condiciones.
Es difícil escribir sobre este tema ya que todo cambia muy rápido de un día para otro, y de una hora para otra. Pero algunas ideas sí que se pueden ir analizando, más allá de últimas medidas o últimas estadísticas.
La primera idea y más clara a mi juicio, es la histeria que todo esto está generando. En su máxima expresión, la gente preocupada por que pueda haber un desabastecimiento y lanzándose a comprar productos de primera necesidad de una forma irracional, como si no fuese a ser posible volver a comprar en un año o dos.
¿Está esa histeria justificada? En mi opinión, no. La producción y distribución de bienes de primera necesidad se va a asegurar, y no va a haber desabastecimiento. Es cierto que con las medidas que se están tomando de cierre de comercios, escuelas, y espectáculos, cunde la incertidumbre. Pero el Gobierno por mucho que quiera controlar la pandemia, sabe que hay unos mínimos de la economía que tiene que asegurar, y no va a permitir que haya desabastecimiento.
Lo cierto es que el comportamiento de la gente ante esto llama la atención. Si ante una cosa como esta reaccionan de este modo, ¿qué no harán cuando haya una guerra o una enfermedad mucho más contagiosa como el ébola? Espero que esto genere algo de empatía y que cuando vean a inmigrantes intentar saltar la valla, llegar a las costas en cayuco, o cruzar la frontera, se pongan en su piel por un momento, y piensen, si yo reaccioné de este modo ante una enfermedad en un país desarrollado, ¿qué no haría si tuviese que huir de una guerra, una matanza, la miseria, o la esclavitud? A ver si con todo esto empezamos a ponernos un poco más en el lugar de los demás.
La segunda idea que se puede analizar es la seriedad de la enfermedad. Sí que tiene unas tasas de mortalidad más altas que una gripe común, pero tampoco nos dejemos llevar por el alarmismo. Hay enfermedades muchísimo más contagiosas y letales que esta, como la tuberculosis, el sarampión, el ébola o la malaria. Es cierto que esta enfermedad es nueva, que no hay tratamiento, que se está expandiendo rápidamente, y que fallece gente que ya estaba en situaciones vulnerables. Pero está claro que no todo el mundo la va a contraer ni que todo el mundo va a morir de esto. Se acabará pasando, como ha sucedido con otras enfermedades.
El tema de la libertad de expresión siempre es complejo, pues los límites suelen diferir según a quien se pregunte. En su tiempo ya intenté hablar de lo que yo entendía que entraba dentro de la libertad de expresión y de lo que no (aquí, y sobre todo, aquí).
No obstante, en los últimos meses se han ido sucediendo diversos casos de los que me gustaría hablar. Uno de ellos es el caso Zozulya, del que ya hablé cuando los ultras del Rayo boicotearon su fichaje. Ahora ha vuelto a la actualidad puesto que se suspendió un partido entre el Albacete -equipo en el que milita actualmente Zozulya- y el Rayo, debido a los insultos que los ultras de este último equipo proliferaban contra el jugador.
Pues bien, hubo muchos que hicieron hincapié en que no se suspendían partidos cuando se proclaman insultos racistas u homófobos. Como ya dijeron varios periodistas deportivos, alguna vez tenía que ser la primera, y esperemos que a partir de ahora cada vez que se insulte en el campo, se suspenda el partido, pues todo el mundo tiene derecho a la dignidad.
Entre elección y elección se va reconfigurando el mapa político español. Unos partidos suben, otros bajan, se forman coaliciones, y se cede en posturas programáticas. Es el precio por llegar al poder. Pero entre pagar ese precio y lo que se va a conseguir estando en el poder, no está muy claro si compensa.
Empezando con Ciudadanos, vemos que la estrategia de confrontación con el PSOE le salió cara, y en la repetición electoral se estrelló, cuando anteriormente se había quedado a muy poco de superar al PP. Eso llevó a que Rivera dimitiese. Arrimadas se erigió como lideresa -pese a que aún no lo es oficialmente al haber una gestora-, y amplió la oferta de última hora de Rivera para llegar a un entendimiento con el PP y el PSOE, cuando dentro del propio partido se había defenestrado a otros que propusieron eso mismo, como Garicano o Nart.
Sin embargo Sánchez optó por lo que se había negado a hacer hasta ese momento, dar cabida a Iglesias en el gobierno. Ahora Arrimadas ha optado por buscar una coalición con el PP en Galicia, País Vasco y Cataluña. La fortaleza de Feijóo en Galicia le ha facilitado bloquear ese acuerdo en Galicia. Sin embargo, la debilidad de Alonso en el País Vasco ha hecho que Casado se imponga, lo que ha llevado a que Alonso dimita.
No todos dentro de Ciudadanos comparten la estrategia de coalición con el PP -que al principio se intentó "vender" como suma constitucionalista a la que se añadirían figuras independientes-, y Francisco Igea ya ha anunciado que se presentará al liderato del partido contra Arrimadas. Hay que recordar que a Igea le impusieron el pacto con el PP en Castilla y León -cuando el PP lleva gobernando en esta Comunidad desde hace más de 30 años-, y que le intentaron hacer un pucherazo electoral para que no saliese elegido como líder en Castilla y León.
Hay quien dice que lo que busca Arrimadas con esta coalición es esconder los malos resultados que podría obtener Ciudadanos, y puede que no les falte razón. Pero parece claro que con esa estrategia, Casado tiene cada vez más cerca su objetivo de volver a juntar el centro derecha bajo un mismo paraguas, aunque para eso haya tenido que montar un lío tremendo en el País Vasco, que está por ver si no le pasará factura.