Hace algo más de 8 años escribí un artículo en el blog titulado "La errónea estrategia saudí", en el que analizaba los acontecimientos de política exterior en los que Arabia Saudí había estado involucrada, notablemente en relación a Yemen (ya había escrito también previamente un artículo sobre la guerra en este país), Libia y Líbano, así como en su hostilidad con Irán y de paso con Qatar.
El punto culminante fue el caso Khashoggi, el periodista saudí crítico con el gobierno del reino, que fue asesinado y hecho desaparecer en el consulado saudí en Turquía, lo que provocó un escándalo sin precedentes y de lo que también hablé en mi blog.
Asimismo, escribí otro artículo sobre la política iraní, muy parecida a la saudí pero en el otro bando.
Pues bien, parece que hoy podemos decir sin temor a equivocarnos, que la política saudí está cambiando. No sé si porque han aprendido de sus errores, porque le han visto las orejas al lobo, o simplemente porque han adaptado un enfoque más realista.
Donde se aprecia más este cambio es en la ruptura de la alianza entre Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. Una alianza entre dos monarquías suníes que había durado bastante tiempo, y que parecía fuerte dado el entendimiento mutuo que parecía existir entre Mohammed Bin Salmán (príncipe heredero de Arabia Saudí desde 2017 y hombre fuerte del país, conocido abreviadamente como MBS) y Mohamed Bin Zayed (príncipe heredero de EAU desde 2004, y emir del país desde 2022, conocido abreviadamente como MBZ). Se solía decir que MBZ (24 años mayor) actuaba como mentor de MBS.
(MBZ a la izquierda, junto a MBS a la derecha)
De este modo, los intereses de Arabia Saudí y EAU parecían alineados en política exterior. EAU se había unido a la coalición de Arabia Saudí para luchar contra los houthíes en Yemen, y había firmado los acuerdos de Abraham mediante los cuales establecía relaciones diplomáticas con Israel. Se esperaba que Arabia Saudí siguiese los pasos de EAU en este sentido, pero la guerra en Gaza lo frenó. Arabia Saudí era consciente de que no podía reconocer a Israel mientras estuviese cometiendo un genocidio contra los palestinos, porque sería posible que su propia población se le echase en su contra.
Pero no es solo Gaza y la política respecto a Israel. La ruptura entre MBS y MBZ va más allá. El ejemplo más claro lo tenemos en Yemen. EAU estaba apoyando a separatistas del sur. Arabia Saudí se cansó de ello, les denunció públicamente, y se implicó directamente para que sus aliados en Yemen recuperasen el territorio que los separatistas controlaban. De hecho, el Consejo de Transición del Sur, grupo que lideraba la rebelión separatista, anunció su disolución tras su derrota militar, y su líder se refugió en los EAU.
Además de Yemen, el enfrentamiento profundo entre ambos reinos se puede ver en otros países de la región. Uno de los más claros es Sudán, donde EAU está apoyando junto a la Libia de Haftar al grupo RSF (Fuerzas de Apoyo Rápido) en su disputa por el poder contra el ejército sudanés, apoyado por Egipto y Arabia Saudí.
Este apoyo de los EAU a RSF se debe a que estos últimos lucharon en Yemen de su lado, y ambos tienen acuerdos económicos y comerciales. De hecho al principio Rusia también apoyó a RSF a través del grupo Wagner, pero después pasaó a apoyar al ejército sudanés al negociar la instalación de una base naval con el gobierno de Sudán.
Es una lástima lo que está sucediendo en Sudán, después de que protestas pacíficas lograsen derrocar al dictador Al Bashir, que llevaba 30 años en el poder. Sin embargo, los militares no se pusieron de acuerdo para repartirse el poder, y se enfrentaron entre sí. Huelga decir que quien más sufre en esta guerra es la población civil, quien tiene que soportar los abusos de ambos bandos. Especialmente terribles son los que cometen los RSF. Sobre el terreno el ejército sudanés ha ido recuperando territorio, incluyendo la capital del país, aunque aún sigue lejos de poder someter a RSF.
En este vídeo se explica bien el conflicto que se vive en Sudán, con todos los actores implicados:
El flujo de armas que le llega al RSF viene de Libia y el Chad. De hecho en Libia tanto EAU como Egipto, Rusia y Francia han apoyado históricamente a Haftar, general del ejército que controla el este del país, mientras que Italia, Turquía y Qatar apoyaban al gobierno del oeste, reconocido por la ONU. Estas alianzas se están recomponiendo, y Turquía está abriendo relaciones con Haftar sin abandonar al gobierno del oeste, mientras que los aliados tradicionales de Haftar están empezando a cuestionar su alianza dado el apoyo que otorga a RSF.
Detrás de estos apoyos de EAU a actores no gubernamentales parece ser que hay una estrategia de fragmentación de la región, algo para lo que está alineado con Israel, quien recientemente ha reconocido la independencia de Somalilandia, un territorio del norte de Somalia. EAU no lo ha hecho por el momento, pero se sabe que apoya la jugada. No en vano tiene muchos intereses económicos y comerciales en esta región.
La historia de Somalia y Somalilandia es muy dura. De hecho, ambos territorios se fusionaron tras finalizar la colonización de Somalia por parte de Italia y de Somalilandia por parte de Reino Unido. Pero como en tantos países de África, tras la descolonización hubo golpes militares, guerras y matanzas. Tras caer el gobierno militar en 1991, el país entró en una guerra civil y Somalilandia declaró su independencia, y desde entonces funciona independientemente del gobierno de Somalia, aunque ningún Estado había reconocido formalmente su independencia hasta ahora, lo que no significa que no tuviesen relaciones con sus autoridades.
De hecho Etiopía había llegado a un acuerdo con ellos para ganar acceso al mar a través de un puerto ubicado en Somalilandia, lo que le valió un conflicto serio con el gobierno de Somalia. Taiwán por su parte también mantiene trato con las autoridades de Somalilandia, viendo reflejado el conflicto que mantiene con China con el que tienen Somalia y Somalilandia.
El problema que tiene el gobierno de Somalia es que es un país tan inestable, que no puede controlar todo su territorio, amenazado como está por la milicia islamista de Al Shabab. De ahí que la región de Somalilandia y la de Puntlandia operen de forma autónoma y prácticamente al margen del gobierno de Somalia.
(En este mapa fechado en diciembre de 2025 se puede observar bien quién controla cada parte del territorio en Somalia: Arriba al norte en amarillo, el gobierno de la autoproclamada República de Somalilandia. En naranja apagado, la zona del país en control del gobierno de Somalia. En morado, la zona controlada por el gobierno autónomo de Puntlandia, y en gris las zonas controladas por Al Shabab).
Este reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel ha hecho saltar las alarmas en Arabia Saudí, quien junto a Pakistán, Turquía y Egipto ha condenado sin paliativos la acción israelí. De hecho, Turquía está en conversaciones con Pakistán y Arabia Saudí para unirse en un pacto de defensa mutua, en el cual un ataque a uno de ellos sería considerado como un ataque a todos.
Es decir, Arabia Saudí y otros países de la región están viendo cómo Israel y EAU están jugando a incendiar y fragmentar la región, y ante ello están estrechando lazos entre sí, tanto políticos como económicos, comerciales y militares, para protegerse mutuamente.
Esto resulta muy interesante, porque hasta ahora la política de Turquía había divergido notablemente de la que pudiesen tener Arabia Saudí o Egipto, pero la desestabilización que están causando EAU e Israel, está haciendo que estos países antaño rivales o por lo menos que se miraban con desconfianza, ahora vayan estrechando cada vez más lazos y trabajen de forma conjunta.
Un ejemplo lo tenemos en el plan de reconstrucción de Gaza, para el cual se está formando la Junta Ejecutiva que administrará el territorio, en la cual, aparte de importantes nombres cercanos a Trump como Marco Rubio (secretario de Estado), Jared Kushner (yerno) y Steve Witkoff (enviado especial), se ha invitado a formar parte de la misma a Tony Blair (ex primer ministro británico), Javier Milei (presidente argentino), Erdogan (presidente de Turquía), o Al Sisi (presidente de Egipto), entre otros.
De todos modos está por ver cómo se acaba concretando, ya que una de las noticias ha sido que Trump exigía 1000 millones de dólares a los países que quisieran estar en la Junta de forma permanente, lo que obviamente no tiene ningún sentido, y que refleja a las claras la mentalidad de Trump de hacer negocio allá donde pueda por inverosímil que parezca.
Además algunos nombres que forman parte del comité director encargado de hacer de puente entre la Junta y el comité tecnocrático palestino, como el ministro de exteriores turco Hakan Fidan, el jefe de inteligencia de Egipto Hassan Rashad, o Ali Al-Thawadi, diplomático catarí, no han sentado muy bien en Israel, quien ha pedido explicaciones a EEUU por no haberles consultado.
Esta convergencia de intereses entre estos países resulta novedosa y hay que tenerla muy en cuenta a la hora de analizar los conflictos regionales, máxime cuando las relaciones entre Turquía y Egipto habían sido bastante malas durante los últimos años. El genocidio en Gaza parece que ha cambiado esa dinámica, que ya se extiende más allá de Palestina.
Ahora los países árabes se ponen de acuerdo en apoyar al nuevo gobierno sirio para que consiga salir adelante después de los 13 años de guerra que vivió el país, y cada uno está apoyando a su modo, ya sea económicamente (Arabia Saudí y Qatar) o política y militarmente (Turquía). Lo que resulta muy grato de ver, máxime cuando durante la guerra civil siria cada uno apoyaba a un grupo diferente de insurgentes.
(Hakan Fidan (izquierda), ministro de exteriores turco, junto a Ahmed Al Sharaa (derecha), presidente sirio tras la caída de Al Assad, y de quien Turquía es su principal valedor).
A mi modo de ver, estos países han llegado a la conclusión, a la fuerza de los hechos, de que la política israelí y de los EAU en la región es una fuente de inestabilidad, y se han conjurado para tratar de frenarla o paliarla en la medida de lo posible.
Solo así puede explicarse su implicación conjunta y acordada en Gaza. Quieren evitar que Israel siga cometiendo los atropellos que está realizando, y para ello quieren asumir un rol protagonista en la nueva Junta Ejecutiva.
Por todo ello digo que la política saudí ha cambiado. MBS se ha soltado del lazo de su mentor, ha roto con él, y ha adoptado una política más realista e inteligente al alinearse con países claves de la región en vez de enfrentarse a ellos, como había realizado anteriormente.
Esta vuelta a la cordura de la política saudí es de celebrar. Uno no puede dejar de preguntarse por qué los EAU tienen tanto interés en fragmentar la región y alinearse con Israel. Esta política que están siguiendo les aleja de toda la población árabe que no la apoya, les aísla, y todo por puro interés económico y comercial dejando de lado la supuesta unidad árabe y musulmana en torno a Palestina.
Parece ser que una de las razones está en que los EAU están enfrentados a Irán y a los Hermanos Musulmanes, y por ello cualquier acción que pueda debilitar ya sea a Irán o a la Hermandad, lo van a apoyar, aunque quien lo cometa sea Israel, EEUU, o militares sin escrúpulos. De esta forma podemos entender que los EAU apoyasen a los separatistas en Yemen frente al gobierno suní reconocido por Arabia Saudí, que estaría ligado a los Hermanos Musulmanes. Otro tanto se puede decir de su apoyo a los RSF en Sudán o a Somalilandia, frente al gobierno sudanés o somalí que podría ser más tolerante con la Hermandad.
(MBZ recibe a Isaac Herzog, presidente israelí, en 2022 en la primera visita oficial de Israel a los EAU tras la firma de los acuerdos de Abraham)
Ahora que está habiendo protestas en Irán reprimidas duramente por el régimen, se ha sabido que Turquía, Qatar y Arabia Saudí han hecho lobby sobre Trump para que no bombardee Irán, negándose a que aviones estadounidenses cruzasen su espacio aéreo para ello. Hasta Israel le pidió que no atacase, al no estar preparado para una defensa ante posibles represalias. EAU en cambio se ha mantenido en silencio.
Esto sorprende en el caso de Arabia Saudí, quien siempre había estado enfrentada a Irán y apoyaba a EEUU, pero que no deja de ser una muestra más del realineamiento de la política saudí hacia una política más regional y no tan dependiente de EEUU, Israel y EAU.
Aunque Arabia Saudí sigue siendo un rival de Irán, teme que un ataque estadounidense desestabilizase aún más la región, y que el régimen iraní pudiese responder bombardeando intereses estadounidenses en Arabia Saudí, Qatar o Turquía. Estos dos últimos países siempre han estado un poco más próximos a Irán, y al igual que Arabia Saudí temen las represalias del régimen iraní y una posible mayor desestabilización de Oriente Medio.
Por su parte, desde EEUU tampoco estaría claro qué podría aportar un bombardeo sobre Irán, ya que resultaría muy difícil descabezar al régimen, e incluso aunque esto se consiguiese, no se podría saber qué pasaría a continuación, pudiendo desestabilizarse el país más de lo que ya está.
Quienes más sufren por esto son los iraníes, que siguen bajo el yugo del régimen, sin una opción clara de librarse de él. La opción de que vuelva Reza Pahlavi, hijo del derrocado Sah de Persia, que vive actualmente en EEUU, y que se erige como figura de consenso para liderar un nuevo Irán resulta difícil de creer, teniendo en cuenta el infausto recuerdo del gobierno del Sah en Irán.
Habrá que ver si Trump se conforma con que la represión pare y no haya ejecuciones, o si intenta por algún medio golpear al régimen. Lo que está claro es que no lo va a tener tan fácil como con Venezuela, donde venía preparando el terreno ya desde mucho antes.
(La imagen de una mujer iraní en Canadá protestando contra el régimen al prender fuego a una imagen con la foto del líder iraní Alí Jameni y aprovechando la llama para encender un cigarro, cuando fumar está prohibido para las mujeres en Irán, se ha convertido en un símbolo de las protestas contra el régimen)
La política de los EAU obedece principalmente a la obtención de recursos, y para ello no duda en aliarse con juntas militares en países como Burkina Faso o República Centroafricana, que habían sustituido la tradicional alianza con Francia para alinearse con Rusia quien supuestamente les ayudaría a combatir el islamismo. El problema es que Rusia no ha logrado gran cosa, enfrascada como está en la guerra de Ucrania, y por ello los gobiernos africanos miran ahora hacia EAU, quien ya venía cooperando con Rusia y logrando la obtención de recursos de países como Mali y Sudán.
Finalmente, cabe recordar que EAU, Arabia Saudí y Qatar son países que tienen mucho dinero, procedente del petróleo, y que atraen muchas inversiones occidentales. Con todo ese dinero están influyendo en todo el mundo, ya sea económica, política o militarmente. En España y Europa llegan en forma de "poder blando", sobre todo a través del deporte.
La aerolínea principal de Qatar patrocina al Barça y la de EAU al Real Madrid. La Supercopa de España se celebra en Arabia Saudí, al igual que el mundial de fútbol 2034, el segundo en celebrarse en un país árabe después del de Qatar 2022. EAU posee al Manchester City de Guardiola, y Qatar al PSG. Rafa Nadal ha firmado un acuerdo de colaboración con Arabia Saudí, quien también posee al Newcastle y que ha atraído a su liga a grandes figuras del fútbol como Cristiano Ronaldo, Benzema o Neymar. Claro que Qatar ya atrajo en su día a Raúl, Hierro o Guardiola. EAU patrocina uno de los mejores equipos ciclistas, en el que corre el mejor ciclista del momento, Tadej Pogacar. Qatar es dueña de benisports, una de las cadenas de televisión más importantes del mundo, centrada en el deporte. Arabia Saudí organiza ahora competiciones internacionalmente reconocidas de golf y boxeo, y próximamente lo hará también con el tenis. La Fórmula 1 organiza carreras en Bahréin, EAU, Qatar y Arabia Saudí. Y así podríamos seguir con muchos otros ejemplos.
Todo esto revela la gran influencia que tienen estos países en el resto del mundo, y lo importante que es que prestemos atención a las políticas que siguen en cada caso.





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