lunes, 19 de enero de 2026

Trump revienta el orden mundial vigente desde la 2ª Guerra Mundial

Quién iba a decir a todas las personas de izquierdas que insisten día sí y día también en que España tiene que salirse de la OTAN, en que su principal apoyo lo iban a tener en Donald Trump. Ni siquiera Putin en sus mayores fantasías podía imaginarse a EEUU atacando a un aliado. Porque eso, nada más y nada menos, es lo que está planteando Trump con Groenlandia. Y eso, acabar con la OTAN, es lo que va a conseguir si acaba apoderándose de la isla.

Lo normal sería que los asesores de Trump le dijesen que eso sería un error, que hay otras opciones, que el beneficio que sacarían sería menor que el perjuicio que causarían...pero con el gobierno de Trump, lo "normal" está muy lejos de los parámetros habituales. Cuando a Trump se le mete algo en la cabeza, lo suele conseguir, por muchos que se le pongan en contra.

Ya en su primer gobierno no le tembló el pulso para tildar de traidores a antiguos aliados. Ni más ni menos que a Mike Pence, a quien había elegido como vicepresidente, cuando este se negó a desconocer los resultados de las elecciones que otorgaban la presidencia a Joe Biden. Mike Pence sabía dónde estaban los límites, lo que podía hacer y lo que no, y se mantuvo firme en ellos, pese a que eso le costase la enemistad de Trump.


(Mike Pence presidiendo la sesión del Congreso en la que se certificó la victoria de Biden en las elecciones de 2020)

Hoy en día, pocos quedan como Mike Pence en el partido republicano y en el círculo de Trump. La inmensa mayoría son aduladores y asesores cercanos, que no se atreven a contradecirle, ni mucho menos a enfrentarse a él, porque saben de las consecuencias que puede conllevar.

Con lo cual, pese a que saben que lo de Groenlandia sería un error mayúsculo, no se lo dicen directamente, sino que tratan de distraerle con otros temas, como Irán, Venezuela, Cuba, o Gaza. 

Sin embargo, Trump sigue empeñado, y en su manera habitual de comunicar a través de las redes sociales, ha decidido que impondrá aranceles a los países que han enviado tropas a Groenlandia para reforzar la seguridad de la isla, al no ser que decidan venderla a EEUU. 

Aquí hay varias cosas erróneas. La primera es que no puede poner aranceles a unos países sí y a otros no, ya que los países europeos forman un bloque comercial, con lo que si pone aranceles a un país, en realidad se los está poniendo a todos, hayan enviado o no tropas a Groenlandia.

La segunda es que el argumento que da Trump para su obsesión con Groenlandia, es que este territorio resulta vital para la seguridad de EEUU, y acusa a Dinamarca (país que posee Groenlandia) de descuidar la seguridad de la isla y de permitir el paso de barcos y submarinos rusos y chinos. Pues bien, Dinamarca, junto con sus socios europeos, se ha comprometido a reforzar la seguridad, y cuando han enviado tropas para ello, resulta que es cuando Trump anuncia los aranceles como represalia a los países que han enviado dichas tropas. ¿En qué quedamos? ¿Hay que reforzar la seguridad de la isla o no?

Está claro que lo de la seguridad no es más que una excusa. A Trump le han entrado aires de grandeza. No sólo está obsesionado con ganar el premio nobel de la paz, sino que además quiere pasar a la historia como el presidente que logró la mayor anexión de territorio para EEUU desde la compra de Alaska a Rusia en 1867.

A Trump le interesa Groenlandia por la seguridad, sí, pero también por los recursos minerales que posee la isla, así como por la nueva ruta marítima que se está abriendo debido al deshielo del ártico.


(En esta imagen se puede apreciar bien el deshielo del Ártico: La zona en morado era hielo en verano de 1979, pero ya no lo es en verano de 2019, con lo que en esa estación los barcos pueden transitar por esa zona, acortando los tiempos de viaje para llegar de Asia a Europa sin tener que pasar por el Océano Índico, el Mar Rojo y el Canal de Suez, con todos los problemas que eso conlleva dada la estrechez del canal y la aglomeración de barcos. Tampoco tendrían que atravesar todo el Océano Pacífico en el caso del viaje hasta América)

En cualquier mente racional, lo lógico sería que el gobierno de EEUU estrechase lazos con Dinamarca para reforzar la seguridad y obtener un trato comercial y económico favorable. Pero la mente de Trump no es racional. En la mente de Trump, a los aliados hay que tratarles peor que a los rivales. Para Trump, los amigos no existen. Todo el mundo tiene que hacer lo que él quiere, ya que para eso es el amo del mundo. Y si no lo hace, es que no es amigo. Por eso se lleva tan bien con los que le adulan, como Milei, o Bukele, el primer ministro de El Salvador. Y por eso se lleva tan mal con los que osan levantar la voz y criticarle, como Gustavo Petro, primer ministro de Colombia.

Así, no es de extrañar la bronca que le montó a Zelensky ante lo que consideraba una falta de respeto por no agradecer lo suficiente según él la ayuda que EEUU había otorgado a Ucrania. O la obsesión que tiene con que todos los socios de la OTAN aumenten su gasto de defensa al 5% del PIB cuando ni EEUU llega a esa cifra. El único que se plantó fue Pedro Sánchez (algo bueno tenía que hacer entre tanta nulidad), y Trump tuvo palabras negativas sobre ello.

De este modo, no tiene ninguna consideración por el gobierno de Dinamarca, ni porque este país sea un miembro de la OTAN. A él eso le da igual. Quiere Groenlandia y punto. Si Dinamarca fuese amigo, se la vendería, o incluso regalaría, porque eso es lo que deben hacer los amigos, darle lo que quiere. Un ejemplo claro lo tenemos en Corina Machado, líder de la oposición venezolana, quien para congraciarse con él e intentar ganar influencia frente a Delcy Rodríguez, le ha regalado la medalla del Nobel de la Paz, diciéndole que él la merecía. Es difícil caer en un nivel más bajo de adulación, máxime cuando la persona a la que estás adulando te ha despreciado delante de las cámaras diciendo que no tienes el apoyo de la población de tu país, como hizo Trump con Machado respecto al apoyo que el pueblo venezolano podría otorgarle.


(Trump recibe la medalla del premio nobel de manos de Corina Machado)

Una muestra de la obsesión de Trump por el nobel de la paz es la reciente carta que ha escrito al primer ministro de Noruega, en la que hace alusión a que el comité noruego que decide a quién le otorga el premio, no tuvo a bien concedérselo, y que en consecuencia, palabras literales, ya no se siente obligado a pensar únicamente en la paz.

Esto da una idea del personaje con el que tenemos que lidiar. Hay que sacar de la ecuación la racionalidad a la hora de intentar entender a Trump, sobre todo cuando se trata de las relaciones con sus aliados. Trump trata a sus aliados como rivales, y a sus rivales como aliados. Es ilógico, pero real. Se lleva mejor con Putin o Kim Jong Un que con Macron o Zelensky.

¿Y qué pasa con la oposición demócrata en EEUU? Parece que se están organizando en el Senado para tratar de parar los aranceles que quiere imponer Trump por la problemática de Groenlandia. Veremos si lo consiguen, porque para ello necesitarán el apoyo de ciertos republicanos, algo que no es del todo descartable, porque pese a que temen a la ira de Trump, muchos de ellos saben que sería un error enfrentarse de ese modo a los aliados de EEUU.

Uno de los argumentos que se da para todo esto, es que la política interna en EEUU no va bien. La economía sufre por la inflación, causada, oh sorpresa, por los aranceles que impuso Trump en su día. Quién nos iba a decir que poner aranceles iba a provocar la subida de precios al tener que importar más caro. No se podía saber. En fin, esa es la política de Trump. Tomar medidas que no tienen sentido económicamente solo porque a él se le antojan y cree que van a funcionar. Pues ya estamos viendo los resultados. Mayor inflación, mayor descontento de la opinión pública estadounidense respecto a su gobierno, y mejores previsiones para los candidatos demócratas para las elecciones al Congreso y al Senado que se realizarán este año. 

Si los demócratas consiguen hacerse con el control de ambas cámaras, pondrán las cosas bastante difíciles a Trump, quien depende de ellas para aprobar legislación. El nivel de crispación política subirá en el país. Por eso dicen que Trump está tratando de tapar el desastre interno a través de la política exterior. Primero con la captura espectacular de Maduro. Segundo, con la implicación en Irán para que el régimen deje de masacrar a la población que protesta pacíficamente. Tercero, con Cuba en el objetivo al frenar el tránsito de petróleo desde Venezuela. Y cuarto, con Groenlandia en el punto de mira, para, como digo, pasar a la historia como el presidente que logró la anexión de un territorio gigantesco geográficamente.

Ante todo esto, obviamente, los groenlandeses y los daneses han protestado, y ha habido reuniones de urgencia de los países europeos para estudiar una respuesta conjunta.


Es inaudito que Europa se tenga que preocupar porque un aliado suyo le amenaza con tomar por la fuerza un territorio que le pertenece, pero eso es lo que está sucediendo. Trump está a un paso de hacer saltar por los aires el orden mundial vigente desde la 2ª guerra mundial, cuando se creó la OTAN como forma de contrarrestar a la URSS, quien a su vez creó como reacción el Pacto de Varsovia.

Ahora, la OTAN podría saltar por los aires, pero no por un ataque de un enemigo, sino de un aliado hacia otro aliado. Es increíble que habiendo países en la OTAN que tienen malas relaciones entre sí, como Turquía y Grecia, al final todo pueda venirse abajo por el capricho de un loco que ha conseguido llegar al poder en EEUU, el país más poderoso de la alianza, y al que sus ciudadanos han votado y apoyado, en un ejercicio de locura colectiva y de gestión nefasta por parte de la oposición demócrata para encontrar un candidato viable que lograse hacerle frente de manera efectiva.

No solo es culpa de Biden y de su empeño por presentarse otra vez, cuando era evidente que su salud estaba muy deteriorada, sino que también lo es el hecho de que el partido demócrata no reaccionase hasta que fue demasiado tarde, confiando en una Kamala Harris que tampoco lograba entusiasmar ni siquiera en su propio partido, con una postura muy tibia respecto a Gaza cuando Israel estaba cometiendo un genocidio con el apoyo de EEUU.

Habrá que ver si el ala progresista del partido, liderada por el incombustible Bernie Sanders, Alexandra Ocasio Cortez, y el recién elegido alcalde por Nueva York Zohran Mamdani, logra hacerse con las riendas del partido, o vuelve a sucumbir como tantas veces ha sucedido, ante el "establishment", esto es, los candidatos moderados del partido que no quieren tener un discurso demasiado rompedor para así conseguir hurgar dentro del electorado republicano, cuando en realidad lo que consiguen es hacer espantar al votante progresista, que se va al partido verde o a la abstención.


(Bernie Sanders y Alexandra Ocasio Córtez en su gira por EEUU realizada a lo largo de 2025 bajo el lema "luchar contra la oligarquía", que les llevó a recorrer varias ciudades de EEUU y a organizar mítines multitudinarios, focalizándose en la idea de hacer frente a la influencia que los multimillonarios y las grandes empresas ejercen en la política estadounidense)

En cualquier caso, a Europa no le queda más remedio que reaccionar. Está claro que ya no se puede fiar de EEUU, y que debe de empezar a caminar sola. La tan comentada y tantas veces pospuesta defensa común europea, debe empezar a tomar forma, y además a pasos agigantados. Ya hay muchos países que están restableciendo el servicio militar, ya sea de forma obligatoria o voluntaria. Pero eso no es más que una pincelada en un puzle mucho mayor.

Europa debe ser autónoma, tanto industrial como energética y militarmente. O por lo menos, reducir su dependencia de EEUU en estos ámbitos. Si ya ha conseguido romper los lazos energéticos que le unían a Rusia, eso no nos sirve de mucho si ahora dependemos de EEUU, cuando descubrimos que no son aliados sino que pueden ser enemigos. Lo mismo con la compra de armamento militar a EEUU. Europa debe avanzar en la creación de una industria de la defensa, y en una soberanía energética. 

El tiempo apremia, y no pueden enredarse en negociaciones entre Estados cuando hay países díscolos como Hungría, República Checa o Eslovaquia. Urge una reforma para acabar con el requisito de unanimidad y que los Estados que lo deseen puedan avanzar de forma más rápida.

Un ataque de EEUU a Groenlandia para arrebatárselo a Dinamarca supondría el fin de la OTAN. Una alianza que ha durado prácticamente 80 años. Y todo causado por los aires de grandeza del presidente de EEUU, a quien parece no importarle romper una alianza estratégica, porque en su mente esa alianza le causa más problemas que beneficios.

Algunos han sugerido que Europa boicotee el mundial de fútbol a celebrarse en EEUU, Canadá y México en 2026, si esto continúa así. 

Algo con más peso que se está proponiendo es paralizar la aprobación del acuerdo comercial que se alcanzó el verano pasado entre la UE y EEUU que se estaba debatiendo en el parlamento europeo. Todo esto me parece bien, pero sin duda son pasos muy pequeños de entre los muchos y muy grandes que habría que dar si se llega a una ruptura total con EEUU.

Para Trump, defender a Europa de Rusia no es una prioridad. Trump entiende, como Putin y Xi Jinping, que el mundo debe dividirse en esferas de influencia. Y a él le interesa más Groenlandia y el continente americano que Europa, con lo que no tiene problemas con que Rusia trate de recuperar posiciones. Y ya veremos si no deja tirados a Japón y Corea del Sur frente a China y Corea del Norte, cosa que no me extrañaría conociendo al personaje.

Lo único que puede hacer cambiar las cosas es que haya una reacción en EEUU, ya sea del partido demócrata o incluso dentro del partido republicano, de que las cosas han ido demasiado lejos y de que la política de Trump está perjudicando al interés nacional del país. Espero que eso suceda, porque de lo contrario, estaremos ante un panorama en el que Europa no se podrá fiar de EEUU, y nos veremos conducidos a un escenario de enfrentamiento comercial, económico e incluso militar, con EEUU por un lado, y con Rusia por el otro, lo que supondrá un reto mayúsculo.

Dentro de las sociedades europeas, cabe destacar que la ultraderecha en Francia, con Bardella a la cabeza, se está oponiendo a las ansias expansionistas de Trump. Sorprende en cambio el silencio cómplice y canalla de Vox, que no dice nada para no enfadar a su amo, cuando lo que de verdad debería hacer si realmente le importase España, sería levantar la voz frente a las amenazas expansionistas que llegan desde el otro lado del Atlántico.

No hay comentarios: