Quién iba a decir a todas las personas de izquierdas que insisten día sí y día también en que España tiene que salirse de la OTAN, en que su principal apoyo lo iban a tener en Donald Trump. Ni siquiera Putin en sus mayores fantasías podía imaginarse a EEUU atacando a un aliado. Porque eso, nada más y nada menos, es lo que está planteando Trump con Groenlandia. Y eso, acabar con la OTAN, es lo que va a conseguir si acaba apoderándose de la isla.
Lo normal sería que los asesores de Trump le dijesen que eso sería un error, que hay otras opciones, que el beneficio que sacarían sería menor que el perjuicio que causarían...pero con el gobierno de Trump, lo "normal" está muy lejos de los parámetros habituales. Cuando a Trump se le mete algo en la cabeza, lo suele conseguir, por muchos que se le pongan en contra.
Ya en su primer gobierno no le tembló el pulso para tildar de traidores a antiguos aliados. Ni más ni menos que a Mike Pence, a quien había elegido como vicepresidente, cuando este se negó a desconocer los resultados de las elecciones que otorgaban la presidencia a Joe Biden. Mike Pence sabía dónde estaban los límites, lo que podía hacer y lo que no, y se mantuvo firme en ellos, pese a que eso le costase la enemistad de Trump.
(Mike Pence presidiendo la sesión del Congreso en la que se certificó la victoria de Biden en las elecciones de 2020)
Hoy en día, pocos quedan como Mike Pence en el partido republicano y en el círculo de Trump. La inmensa mayoría son aduladores y asesores cercanos, que no se atreven a contradecirle, ni mucho menos a enfrentarse a él, porque saben de las consecuencias que puede conllevar.
Con lo cual, pese a que saben que lo de Groenlandia sería un error mayúsculo, no se lo dicen directamente, sino que tratan de distraerle con otros temas, como Irán, Venezuela, Cuba, o Gaza.
Sin embargo, Trump sigue empeñado, y en su manera habitual de comunicar a través de las redes sociales, ha decidido que impondrá aranceles a los países que han enviado tropas a Groenlandia para reforzar la seguridad de la isla, al no ser que decidan venderla a EEUU.
Aquí hay varias cosas erróneas. La primera es que no puede poner aranceles a unos países sí y a otros no, ya que los países europeos forman un bloque comercial, con lo que si pone aranceles a un país, en realidad se los está poniendo a todos, hayan enviado o no tropas a Groenlandia.
La segunda es que el argumento que da Trump para su obsesión con Groenlandia, es que este territorio resulta vital para la seguridad de EEUU, y acusa a Dinamarca (país que posee Groenlandia) de descuidar la seguridad de la isla y de permitir el paso de barcos y submarinos rusos y chinos. Pues bien, Dinamarca, junto con sus socios europeos, se ha comprometido a reforzar la seguridad, y cuando han enviado tropas para ello, resulta que es cuando Trump anuncia los aranceles como represalia a los países que han enviado dichas tropas. ¿En qué quedamos? ¿Hay que reforzar la seguridad de la isla o no?
Está claro que lo de la seguridad no es más que una excusa. A Trump le han entrado aires de grandeza. No sólo está obsesionado con ganar el premio nobel de la paz, sino que además quiere pasar a la historia como el presidente que logró la mayor anexión de territorio para EEUU desde la compra de Alaska a Rusia en 1867.
A Trump le interesa Groenlandia por la seguridad, sí, pero también por los recursos minerales que posee la isla, así como por la nueva ruta marítima que se está abriendo debido al deshielo del ártico.
(En esta imagen se puede apreciar bien el deshielo del Ártico: La zona en morado era hielo en verano de 1979, pero ya no lo es en verano de 2019, con lo que en esa estación los barcos pueden transitar por esa zona, acortando los tiempos de viaje para llegar de Asia a Europa sin tener que pasar por el Océano Índico, el Mar Rojo y el Canal de Suez, con todos los problemas que eso conlleva dada la estrechez del canal y la aglomeración de barcos. Tampoco tendrían que atravesar todo el Océano Pacífico en el caso del viaje hasta América)















