En este blog hablo acerca de actualidad, historia, política, música, deportes y filosofía.
Queda para más tarde pasar del blog a la web.
¿Por qué corriente propia? Pedí consejo a mis amigos de Relajeros para el nombre y al final me quedé con este. Tengo mi propia corriente, unas veces estoy con unos, otras con otros. Corriente Propia.
Israel ha aprovechado
la confusión creada en Siria tras la caída de Al Asad, y ha hecho suyo el dicho "a río revuelto ganancia de pescadores", lanzando una ofensiva apoderándose de territorio adyacente a los Altos
del Golán, que es un territorio sirio
bajo ocupación israelí desde 1967.
(En
este mapa se puede apreciar en rojo claro la zona ocupada por Israel
desde 1967, y en morado la zona anexionada en Siria por Israel tras la caída del régimen de Al Asad, que
abarca la provincia de Quneitra y que es fronteriza con Líbano,
quedándose bastante cerca de Damasco)
Se
han excusado alegando que quieren crear una zona de contención. Además,
han realizado múltiples bombardeos en Damasco destruyendo armamento.
Esto supone una clara provocación y declaración de intenciones, para dejar
a los rebeldes sin armamento pesado y por tanto sin posibilidades de
defenderse ni mucho menos de atacar.
Se
dice que a Israel le sorpendió la ofensiva rebelde. Y aunque
previamente había estado bombardeando posiciones iraníes en Siria, y a
Hezbollah en Líbano, tampoco le acaba de convencer un gobierno de
orientación islamista en Siria, con lo que estaría tratando de
asegurarse la frontera, y de crear tensiones dentro de Siria,
apareciendo ellos como salvaguarda de las minorías, además de por
supuesto aprovechar para su gran proyecto de expansión territorial
mediante la fuerza bruta, un verdadero ejemplo de colonialismo actual.
Israel
teme que tras el triunfo de la revolución en Siria, esta pueda
contagiarse a países vecinos. Conviene recordar que la primavera árabe
de 2011 discurrió a lo largo de varios países, y que si bien en Egipto
fue aplastada bajo el mando de Al Sisi, durante el breve período de
tiempo que Mursi estuvo en el poder, se acercó a los palestinos, lo que
inquietó a Israel. En Jordania por su parte, aunque la revolución no
llegó a triunfar, sí que hubo protestas. Y si estas volviesen a surgir,
tanto en Egipto como en Jordania, podrían poner en problemas a Israel,
que actualmente mantiene acuerdos de paz con ambos países. Por supuesto
Israel teme más a un gobierno árabe islamista democrático que a un
gobierno árabe laico autoritario, con el que sabe que siempre se puede
entender, y así jugar su consabida carta de presentación de "única democracia en Oriente Medio".
Ya han pasado dos semanas desde que el régimen de Al Asad cayó en Siria, refugiándose el presidente depuesto en Rusia, ante la negativa de los Emiratos Árabes Unidos de acogerle debido a la mala imagen que les podría causar entre la población árabe en general.
Las calles en Siria se han llenado de gente celebrando la victoria de la revolución, portando banderas, fotografiándose con los rebeldes...
Hay muchos, tanto en la prensa como en el espectro político, que se empeñan en señalar el carácter islamista y/o yihadista de HTS, el principal grupo rebelde que ha liderado la última ofensiva que ha acabado con el régimen. Y con este señalamiento, alertan de los temores de lo que puede suceder en Siria, en especial para minorías como los cristianos, los kurdos, los drusos, o lo que puede significar para las mujeres y la población en general el establecimiento de un gobierno islámico que ha tenido nexos con grupos terroristas como Al Qaeda.
Si bien estos temores están en cierta medida justificados, y conviene mantener la prudencia acerca de lo que puede suceder en el futuro cercano en relación al nuevo gobierno sirio y sus políticas, también es cierto que hay algunas cosas que deben ser matizadas o al menos puestas en contexto.
La primera, y probablemente la más importante, es analizar los hechos del presente. Y la verdad es que son positivos. Tras la caída del régimen, todos en Siria han salido a celebrarlo, incluidos los cristianos. Las zonas que supuestamente eran más favorables al régimen, como Latakia o ciertos barrios de Damasco, están llenas de gente celebrano el fin de la "dinastía" de los Asad. Los periodistas que van a Siria a cubrir lo que está sucediendo, coinciden unánimente en que hay alegría en las calles, en que la gente quiere hablar con ellos, en que no se encuentran con ningún problema por parte de las nuevas autoridades para informar y realizar su trabajo.
No solo eso. Los pasos que han ido dando las nuevas autoridades, por el momento, son dignos de aplauso. HTS ha publicado varias directrices ordenando a sus militantes respetar a las minorías religiosas, no inmiscuirse en la vestimenta de las mujeres, o no caer en represalias contra quienes apoyaban al régimen. Así por ejemplo decretaron una amnistía general, salvo para altos cargos del gobierno, del ejército o del sistema de prisiones.
(Al Jolani, líder de HTS, pronuncia un discurso en la mezquita de los Omeyas en Damasco, tras la toma de la capital por parte de los rebeldes).
Los periodistas que cubren la situación coinciden en que todo está siendo muy pacífico. Nada que ver por ejemplo con Irak cuando cayó el régimen de Sadam Hussein, y los chiíes se vengaron de los suníes que habían apoyado mayoritariamente a Sadam, realizándose múltiples ejecuciones y arrestros en las primeras semanas, ante la pasividad estadounidense que estaba sobre el terreno.
Aquí en cambio, parece que el sentimiento contra el régimen de Al Asad estaba bien arraigado en la población, por mucho que algunos nos intentasen convencer de lo contrario. Detengámonos en esto un momento. Una persona cristiana, que supuestamente según nos decían estaba "protegida" por el régimen de Al Asad contra los fundamentalistas islámicos, resulta que celebra la caída del régimen precisamente a manos de dichos radicales. Algo falla en el argumento, ¿no? Alguien podría alegar que es una celebración fingida, para autoprotegerse. Pero tan en masa como se está dando, me resulta difícil de creer.
Se ha llegado a decir que HTS ofreció al arzobispo de Alepo el cargo de alcalde de la ciudad, pero que éste lo rechazó al considerarlo incompatible con sus labores religiosas.
Hasta ese punto parece ser que está el pueblo sirio unido. Seguramente a la comunidad cristiana les preocupe que pueda haber un gobierno islamista en el país. Pero sinceramente, más les preocupaba que continuase el régimen.
Porque, y esto es importante, conviene recordar lo que era el régimen de Al Asad. No era una simple dictadura al uso. Era un régimen de terror. Hay dos palabras claves en árabe para explicarlo: Mujabarat, y Shabiha. Los primeros, los mujabarat, son los servicios de inteligencia. Y no eran comparables a los que pueda tener cualquier país, no. En el caso sirio se encargaban de vigilar a su propia población, de detener a cualquier persona sospechosa de disidencia, y en su caso torturarla o ejecutarla. Esto hacía que la población siria viviese con un miedo constante de expresarse, ante el temor de que el que pudiese estar escuchando fuse un mujabarat.
La segunda, shabiha, se refiere a los matones del régimen. Sí, matones. Gente de los bajos fondos, de la delincuencia, con la que el régimen se aliaba para aterrorizar a la población. Les permitía sus actividades delictivas (entre ellas el tráfico de drogas) a cambio de su lealtad, y de utilizarles a su conveniencia. Cuando la revuelta estalló en 2011, el régimen les envió sin miramientos a los barrios que se habían alzado, para que saqueasen, diesen palizas, violasen, ejecutasen, a todo aquel que se encontrasen por el camino.
Otra palabra en árabe: Sednaya. Se refiere a la prisión de Sednaya, que algunos, salvando las distancias, le han denominado como el Auschwitz sirio. Se trataba de la mayor prisión de Siria, donde el régimen se dedicó a recluir y torturar a cualquiera que alzase la voz. Cuando las fuerzas rebeldes entraron en la prisión a liberar a los detenidos, encontraron gente con evidentes problemas mentales al haber pasado tanto tiempo recluida. Presos que creían que les estaban liberando los iraquíes de Sadam Hussein (es decir, llevaban tanto tiempo en prisión y tan aislados de lo que sucedía en el mundo que ni siquiera sabían que Hussein había sido derrocado en Irak). Entre algunos prisioneros liberados, un antiguo soldado que se negó a disparar a civiles en Hama, en los años 80. Niños. Sí, niños en la prisión. Y no porque el régimen encarcelara a niños. No. Eran niños que habían nacido en prisión, fruto de las violaciones que los funcionarios de prisiones ejercieron sobre las mujeres presas. Instrumentos de tortura. Hay algunos tan horrendos como una prensa de papel que utilizaban para deshacerse de los cuerpos aplastando los huesos y órganos. Y cadáveres. La mayoría ejecutados poco antes de que las fuerzas rebeldes llegaran a
Damasco. Algunos presos tuvieron más suerte y narraron que su ejecución
estaba prevista para el día siguiente a su liberación.
Se han encontrado también múltiples fosas comunes con restos humanos a lo largo de todo el país. Hay que tener en cuenta que los liberados de prisión han sido relativamente pocos, y que sigue habiendo miles de desaparecidos. Se habla de que en estas fosas podría haber restos humanos pertenecientes a decenas de miles de personas, que se dice pronto. Algunos elevan la cifra hasta llegar a las 100.000 personas. Escalofriante.
Pero todo esto no es nuevo. Todo esto ya se sabía. Lo habían estado narrando los sirios, al menos desde 2011, tanto dentro como fuera del país. Lo que pasa es que muchos no escucharon, o no quisieron escuchar. Los horrores de las cárceles estaban documentados, por ejemplo, a través del archivo César, con fotografías de todo lo que sucedía allí que se consiguieron sacar al exterior.
Lo inconcebible ha sucedido. Después de años de guerra civil, y de que el régimen machacase a la oposición con ayuda de sus aliados, las tornas han cambiado, y la oposición se prepara para el asalto final estrechando el cerco sobre Homs y Damasco.
Pero antes de narrar y analizar lo sucedido en estas últimas semanas, considero conveniente hacer un pequeño repaso del contexto y de cómo se ha llegado a esta situación.
Numerosos han sido los artículos que escribí en este blog respecto a Siria, siendo el primero allá por octubre de 2011, cuando la revuelta no había hecho más que comenzar en el marco de las primaveras árabes. En marzo de 2012 me lancé a recoger firmas con un manifiesto en el que se condenaba la represión en Siria del régimen de Al Assad. Poco después daba cuenta de algunas de las firmas más notorias. Luego escribí sobre la izquierda y su ceguera a la hora de condenar ciertas dictaduras y represiones, así como sobre el principio de no injerencia, o previamente sobre el pacifismo. Tras otro artículo incidiendo en por qué había que condenar a Al Assad, escribí sobre los crímenes cometidos por los rebeldes, y finalmente escribí sobre quienes se oponían a una intervención en Siria en 2013 debido al uso de armas químicas por parte del régimen contra la oposición.
Aunque después dejé de escribir directamente sobre Siria, sí que continué mencionando lo que sucedía en otros artículos más heterogéneos, como un artículo sobre la política de Putin, otro en el que entre otros temas hablaba sobre las torturas en las cárceles sirias, u otros dos sobre el Estado Islámico.
Es decir, que continué atento a la actualidad en Siria, a pesar de que escribiese menos sobre ello en el blog.
A modo de resumen, para quien la realidad siria le quede demasiado lejana, conviene recordar que es una dictadura del partido Baaz desde que tomó el poder en 1963. 7 años después, Hafez Al Asad dio un golpe interno para situarse en la presidencia, hasta que murió en el año 2000, momento en el que le sucedió su hijo Bachar, pese a que Siria era una república y no una monarquía. De hecho tuvieron que cambiar la constitución para permitirlo, ya que solo se permitía presidir el país a personas mayores de 40 años, y Bachar tenía 34 en ese momento.
(Retratos de Hafez Al Asad, a la izquierda, y Bachar Al Asad, a la derecha)
Por supuesto había otros partidos políticos y elecciones, pero los partidos que podían molestar eran reprimidos, los opositores encarcelados, y las elecciones amañadas.
En el marco de la primavera árabe en 2011, tras los levantamientos en Túnez y Egipto, le llegó el turno a Libia y Siria. A diferencia de lo ocurrido en los dos primeros países, tanto en Libia como en Siria las manifestaciones pacíficas derivaron en una espiral violenta debido a la represión del régimen, que conllevó que la oposición se armase para defenderse y en última instancia derribar al régimen.